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Relaciones que generan resultados: ¿Por qué el desempeño comienza en cómo trabajamos juntos?

Las organizaciones actuales operan bajo una presión constante. La volatilidad de los mercados, la escasez de talento, la aceleración tecnológica y el aumento de la complejidad han transformado profundamente la manera en que se diseña y ejecuta el trabajo. En respuesta, muchas empresas invierten intensivamente en sistemas, procesos, métricas y marcos de desempeño con el objetivo de estabilizar los resultados y proteger la rentabilidad.

Sin embargo, incluso entre organizaciones con recursos, estructuras y estrategias comparables, los niveles de desempeño varían significativamente.

Esa variación rara vez se explica únicamente por los sistemas. Con mayor frecuencia, se explica por la forma en que las personas trabajan juntas en esos sistemas.

En entornos donde el trabajo es interdependiente, sensible al tiempo y sujeto a cambios continuos, el desempeño no es solo un desafío técnico. Es, fundamentalmente, un desafío relacional. En este contexto, el liderazgo tiene menos que ver con definir planes y más con gestionar dinámicas humanas en condiciones reales.

El desempeño bajo presión es relacional

Cuando las condiciones son estables, los procesos realizan gran parte del trabajo. Bajo presión, en cambio, el desempeño depende del criterio, de la coordinación y de la confianza. Las decisiones se toman con información incompleta, las prioridades cambian rápidamente y pequeños malentendidos pueden escalar en retrasos o errores costosos.

En estos momentos, la calidad de las relaciones laborales se vuelve determinante.

Cuando las expectativas son claras y la comunicación es directa, los equipos se adaptan. Cuando la retroalimentación fluye y las preocupaciones se expresan a tiempo, los riesgos se contienen. Cuando la presión se gestiona con criterio, las personas permanecen comprometidas en lugar de ponerse a la defensiva.

Por el contrario, cuando las relaciones son tensas o ambiguas, el desempeño se deteriora de forma previsible: ejecución más lenta, errores ocultos, desconexión y resistencia silenciosa. A menudo, estos efectos se atribuyen a la falta de capacidades o de actitud, cuando en realidad tienen un origen relacional.

Por qué las relaciones suelen diagnosticarse como “temas blandos”

Muchas organizaciones reconocen la importancia de las relaciones, pero las tratan como un elemento secundario frente a los supuestos impulsores “duros” del desempeño. Se abordan a través de declaraciones culturales, encuestas de clima o iniciativas aisladas de capacitación, en lugar de integrarlas como práctica central de liderazgo.

Esto genera un punto ciego.

Las dinámicas relacionales funcionan como la infraestructura a través de la cual el trabajo ocurre realmente. Determinan si la información fluye o se estanca, si la rendición de cuentas se vive como responsabilidad compartida o como control impuesto, y si la presión afina el enfoque o erosiona la confianza. Cuando esta infraestructura es débil, los problemas de desempeño se multiplican, independientemente de lo bien diseñados que estén los sistemas formales.

Lo que vuelve difíciles de gestionar las relaciones no es su escaso impacto, sino su invisibilidad. No aparecen en los tableros de control, pero modelan los comportamientos que estos intentan medir.

El nivel directivo como punto de inflexión del desempeño

El vínculo más sólido entre las relaciones y los resultados se encuentra en el nivel directivo. Las personas que lideran equipos traducen la estrategia en decisiones cotidianas. Interpretan las prioridades, distribuyen la atención y modelan cómo debe gestionarse la presión. Al hacerlo, configuran la experiencia real del trabajo.

Dos líderes pueden aplicar las mismas políticas y perseguir los mismos objetivos, y aun así producir resultados muy distintos. Uno construye claridad, compromiso y resiliencia; el otro genera cumplimiento superficial, duda y desgaste. La diferencia rara vez está en la competencia técnica; está en la capacidad relacional.

Por ello, la efectividad del liderazgo no puede separarse de la forma en que se gestionan las conversaciones, las tensiones, las expectativas y la incertidumbre. Las decisiones relacionales de quienes lideran determinan si los sistemas funcionan como se espera o se descomponen bajo presión.

Liderazgo relacional en entornos diversos y complejos

A medida que las organizaciones se vuelven más diversas e interconectadas, el liderazgo relacional se vuelve más exigente. Las diferencias en estilos de comunicación, normas culturales, trayectorias profesionales y expectativas de poder pueden enriquecer la toma de decisiones o, silenciosamente, debilitarla.

El liderazgo efectivo no exige eliminar las diferencias ni imponer uniformidad. Exige crear una claridad compartida que permita que convivan múltiples perspectivas. Ese equilibrio no se logra mediante políticas, sino a través de una práctica relacional disciplinada: escuchar con intención, abordar las fricciones a tiempo y sostener expectativas de manera consistente.

Cuando estas capacidades están ausentes, la complejidad no se reduce; se amplifica. La coordinación se vuelve más lenta, los malentendidos persisten y el desempeño se resiente de manera difícil de atribuir a una causa específica.

De la calidad relacional a resultados medibles

Las organizaciones que fortalecen las capacidades relacionales de su liderazgo observan patrones consistentes. Los equipos responden mejor al cambio. Los riesgos se detectan antes. La rendición de cuentas se vuelve más sólida porque se basa en la comprensión mutua y no en el control. La retención mejora porque el trabajo se vuelve sostenible, no solo exigente.

Estos efectos son observables y medibles. Aparecen en la velocidad de ejecución, la reducción de errores, los niveles de compromiso y la continuidad del liderazgo. No son el resultado de la buena voluntad, sino de una práctica de liderazgo que concibe las relaciones como una disciplina central del desempeño.

Un enfoque de liderazgo, no un programa cultural

Entender las relaciones como un motor de resultados no implica suavizar el liderazgo. Por el contrario, exige mayor rigor. Exige líderes capaces de sostener la claridad y la humanidad al mismo tiempo: establecer expectativas, abordar el bajo desempeño y gestionar la presión sin fracturar la confianza.

Este cambio no consiste en redefinir la cultura. Consiste en redefinir qué entendemos por liderazgo efectivo.

La perspectiva desde el Coaching Ejecutivo

Como coach ejecutivo profesional, PCC-ICF, abordo el desarrollo de liderazgo desde una premisa clara: los resultados siguen a las relaciones. No como una creencia, sino como una realidad operativa observada en organizaciones de distintos sectores.

Trabajo con líderes que comprenden que el desempeño no se produce únicamente a partir de planes, sino que proviene de personas que trabajan juntas en condiciones que rara vez son ideales. Fortalecer la capacidad relacional es, por tanto, una parte central del desempeño.

En entornos empresariales complejos, el liderazgo sólido y efectivo se construye a partir de las interacciones cotidianas. Ahí es donde comienza el desempeño y, en última instancia, se producen los resultados.

El Poder de las Conversaciones Estratégicas

(Tercera entrega de la serie: Liderazgo conversacional)

Las conversaciones estratégicas son el núcleo del liderazgo conversacional. 

La manera en que un líder se comunica con su equipo define, en buena medida, la calidad de su liderazgo. La comunicación de calidad no implica únicamente la transmición de información, cuando de liderazgo se trata, se busca influir, inspirar y generar compromisos genuinos. Cada conversación tiene el poder de construir confianza, alinear expectativas y potenciar el rendimiento, o, en su defecto, de generar confusión, resistencia y desmotivación.

Las conversaciones estratégicas no son diálogos superficiales ni reuniones sin rumbo y objetivos claros. Son interacciones diseñadas con intención, claridad y propósito, con el fin de mejorar la toma de decisiones, fomentar el desarrollo profesional y fortalecer la cultura organizacional.

¿Qué hace que una conversación sea estratégica?

Para que una conversación sea estratégica, debe cumplir con estas características:

  • Clara, objetiva y estructurada: Basada en hechos y comportamientos observables, no en interpretaciones subjetivas.
  • Asertiva y orientada al crecimiento: Respetuosa, empática y focalizada en la mejora continua, y en la búsqueda de soluciones, sin juicios personales ni ambigüedades.
  • Centrada en la responsabilidad compartida: Promueve acuerdos y compromisos en lugar de órdenes, excusas o imposiciones.

Cuando las conversaciones estratégicas se integran en el día a día de un equipo, la motivación, la productividad y la confianza se elevan de manera natural.

¿Cómo dominar el arte de la conversación estratégica?

A través de la práctica constante de seis habilidades clave que te permitirán influir positivamente en el desempeño y la cultura de tu equipo y organización:

  1. Asertividad: Comunicación Directa y Efectiva

La asertividad es la base de cualquier conversación estratégica. Un líder asertivo sabe expresar sus ideas de manera clara, directa y respetuosa, sin caer en la agresividad ni en la pasividad.

Es importante aclarar que, la “agresividad” en la comunicación dentro del ámbito organizacional, tiende a darse cuando la persona que comunica está más centrada en la tarea que en la persona y también cuando como líderes ejercemos el liderazgo desde el poder que creemos nos da la posición y no desde el poder personal.

Por el contrario, la “pasividad” en este mismo contexto tiende a darse cuando la persona que comunica está más centrada en las personas. Este estilo de comunicación suele ser áltamente confuso puesto que, se dan tantas vueltas o se trata de suavizar tanto el mensaje que éste se pierde.

La asertividad, entonces, es el punto medio, el equilibrio adecuado entre enfocarnos en la persona y en la tarea y, como líderes, ejercer el liderazgo desde nuestro poder personal, y no desde el poder que nos da nuestra posición.

La comunicación asertiva nos

Cómo lograrlo:

  • Utiliza un tono de voz amable y genuino.
  • Básate en información y datos objetivos, no supuestos subjetivos.
  • Enfócate en el problema, no en la persona, es decir, no hagas una crítuca de la persona, en su lugar explica la situación, el problema, su impacto y por qué es importante resolverlo.
  • Evita rodeos y comunica expectativas de manera precisa.
  • Mantén el equilibrio entre escuchar y expresar tu punto de vista.
  • Utiliza preguntas abiertas para favorecer el diálogo.

Ejemplo:

  • Comunicación agresiva à “Siempre dejas las cosas para el último minuto, esto es un desastre.”
  • Comunicación pasiva à Mira, quería comentarte que, el cliente no está muy contento con el desempeño, ya sabes, los retrasos en las entregas, no quiero decir que sea todo culpa tuya, pero…”
  • Comunicación asertiva à “He notado que las entregas se han retrasado en las últimas tres ocasiones. Esto tiene repercuciones no únicamente en tu desempeño, sino en el proyecto completo. Me gustaría saber qué está generando estros retrasos… ¿Cómo podemos ajustar los plazos para entregar a tiempo y mejorar la eficiencia?”
  1. Retroalimentación Efectiva: Impulsar el Crecimiento

Una conversación estratégica siempre debe incluir elementos de retroalimentación.

El feedback bien dado fortalece el compromiso y el desempeño, mientras que una retroalimentación mal manejada genera rechazo, confusipón y resistencia al cambio.

Reglas clave para la retroalimentación estratégica:

  • Enfócate en hechos concretos. No hagas suposiciones o generalizaciones.
  • Describe el impacto de las acciones. Explica por qué un comportamiento debe cambiar o reforzarse.
  • Abre el diálogo y construye soluciones. Invita a la persona a reflexionar y participar en el proceso de mejora.
  • La retroalimentación debe ser oportuna y frecuente.
  • La retroalimentación no únicamente debe ser correctiva (cuando hay algo que mejorar) sino también positiva (cuando hay algo que reconocer y agradecer).

Ejemplo de retroalimentación estratégica:

  • Retroalimentación fallidaà “Tu presentación fue confusa y no tenía sentido.”
  • Retroalimentación exitosaà “En la presentación noté que algunos puntos clave no quedaron claros para el equipo. ¿Cómo consideras que pudieras estructurarla mejor la próxima vez?”
  1. Escucha Activa: Entender Más Allá de las Palabras

Las conversaciones más poderosas no siempre dependen de lo que decimos, sino de cómo escuchamos. Un líder que practica la escucha activa puede identificar necesidades, anticipar problemas y construir relaciones de confianza.

Además, es importante estar atentos al lenguaje no verbal, tanto el nuestro como el de nuestros interlocutores.

Cómo mejorar tu escucha activa:

  • Silencia tu mente, no oigas a la otra persona hasta que llegue tu turno de volver a hablar. Recuerda que oir y escuchar no son lo mismo. Escucha para dialogar, no oigas para responder.
  • Mantén contacto visual y asiente para mostrar interés.
  • Se consciente de tu lenguaje no verbal: manten una mirada y un semblante amable.
  • Parafrasea lo que escuchas para asegurarte de haber entendido bien.
  • Evita interrumpir y deja que la otra persona termine su punto.
  • Haz preguntas abiertas para profundizar en la conversación.

Ejemplo:

Si tu colaborador dice: “No sé si podré terminar el proyecto a tiempo.”

  • No respondas algo como“Pues haz lo que puedas.”
  • Mejor responde algo como:“Parece que tienes algunas preocupaciones sobre el plazo. ¿Qué obstáculos estás enfrentando?”
  1. Acompañamiento Estratégico: Apoyar sin Asumir el Control

Muchos líderes caen en el error de querer solucionar todos los problemas de su equipo.

El acompañamiento estratégico no significa hacer el trabajo por los demás, sino guiar, orientar y facilitar el crecimiento. De lo contrario, fallamos en por lo menos dos de las responsabilidades esenciales de un buen líder:

  • Delegar
  • Favorecer el desarrollo profesional de las personas con las que trabajamos.

La mayoría de las veces cuando un líder dice “es que no delego porque no confío en que las cosas se harán con la calidad necesaria”, es porque no está haciendo su labor de líder para garantizar que la gente aprenda lo necesario para trabajar con la calidad esperada… pero eso será tema de otro artículo futuro.

Principios del acompañamiento estratégico:

  • Haz preguntas en lugar de dar respuestas. Permite que la otra persona reflexione y llegue a soluciones por sí misma.
  • Cede el control cuando sea necesario. Confía en la capacidad de tu equipo para resolver problemas.
  • Fomenta la autoconfianza. Ayuda a tus colaboradores a desarrollar su propio criterio y autonomía.
  • Ejerce como mentor: Transmite conocimiento y acompaña en el desarrollo de habilidades.

Ejemplo:

  • Evita estilos como: “Déjame ver tu presentación, la voy a corregir yo antes de enviarla.”
  • En su lugar, adopta estilos como: “Antes de enviarla, revísala con estos tres criterios en mente y dime si necesitas ayuda en algún punto.”
  1. Establecimiento de Acuerdos Claros: Definir Expectativas con Precisión

Un líder estratégico no deja lugar a la interpretación.

Los acuerdos bien definidos reducen la incertidumbre y fortalecen la responsabilidad individual y colectiva.

Cómo establecer acuerdos efectivos:

  • Define claramente qué se espera y en qué plazo.
  • Explica el propósito y la importancia del acuerdo.
  • En conjunto con tu interlocutor, identifica obstáculos potenciales y cómo superarlos.
  • Determina cómo, cuándo y quén dará seguimiento.
  1. Gestión de Acuerdos Incumplidos: Resolver sin Generar Resistencia

Cuando un colaborador no cumple un acuerdo, la forma en que se aborda la situación marca la diferencia entre corregir el rumbo o deteriorar la relación.

Cómo manejar acuerdos incumplidos sin conflicto:

  • Evita la confrontación emocional. Enfócate en los hechos observables.
  • A través del diálogo, identifica las razones detrás del incumplimiento.
  • Refuerza la importancia del acuerdo y su impacto en el equipo.
  • Busca una solución conjunta en lugar de imponer una sanción.
  • Crea un nuevo acuerdo con los pasos ya indicados anteriormente.

Si haz seguido esta serie de artículos de liderazgo conversacional, ya te estarás comenzando a dar cuenta de que el liderazgo efectivo no se mide solo por los resultados obtenidos, sino por la calidad de las relaciones que creamos y las conversaciones que impulsan dichas relaciones y por tanto esos resultados. Seguiremos profundizando en estos puntos pero, mientras tanto, quedate con lo siguiente:

Cuando un líder desarrolla y aplica conversaciones estratégicas de manera constante, logra:

  • Equipos más comprometidos y motivados.
  • Un ambiente de confianza y colaboración.
  • Menos conflictos y mayor claridad en los objetivos.
  • Un impacto positivo en el desempeño y en la cultura organizacional.

Reflexiona:

  • ¿Tus conversaciones generan claridad o confusión?
  • ¿Escuchas activamente o solo esperas tu turno para hablar?
  • ¿Tus acuerdos son explícitos o dejas mucho a la interpretación?
  • ¿Das seguimiento a los acuerdos o esperas a que se cumplan por sí solos?
  • ¿Tienes una estrategia clara para el manejo de acuerdos no cumplidos?

El poder de las conversaciones estratégicas radica en su capacidad para transformar equipos, fortalecer culturas y mejorar resultados.

Y tú, ¿estás aprovechando ese poder en tu liderazgo?

 

¿Quién diseña tu futuro?

El efecto del pasado en el diseño de tu futuro En el mundo del coaching ejecutivo, una de las reflexiones más poderosas que podemos facilitar a nuestros coachees es la relación entre su pasado, su presente y su futuro. Una pregunta que a menudo surge en las sesiones es: “¿En qué medida tu futuro está […]

Prosperar en Entornos VUCA a través del Coaching Ejecutivo

En el panorama empresarial de hoy, marcado por la Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad (VUCA), los líderes se enfrentan cada vez más a desafíos que ponen a prueba su capacidad de adaptación, toma de decisiones y resiliencia. El coaching ejecutivo ha surgido como una herramienta fundamental para empoderar a los líderes a navegar con éxito estos entornos tumultuosos. Este artículo profundiza en cómo el coaching ejecutivo puede ser un pilar para prosperar en entornos VUCA.

Entendiendo VUCA

Antes de explorar el papel del coaching ejecutivo, es crucial entender los elementos de VUCA:

  • Volatilidad: La naturaleza y dinámicas del cambio, y la velocidad y volumen con que ocurre.
  • Incertidumbre: La falta de previsibilidad y las perspectivas de sorpresa.
  • Complejidad: El multiplex de fuerzas, la confusión de problemas y el caos que rodea a una organización.
  • Ambigüedad: La nebulosidad de la realidad y el potencial para malinterpretar situaciones.

Estos elementos describen un entorno empresarial que es impredecible y está lleno de desafíos difíciles de entender y manejar.

El Papel del Coaching Ejecutivo en Entornos VUCA

El coaching ejecutivo juega un papel significativo en preparar a los líderes no solo para sobrevivir sino para prosperar en entornos VUCA. He aquí cómo:

  1. Mejorar la Adaptabilidad: El coaching ayuda a los líderes a desarrollar una mentalidad que ve el cambio como una oportunidad en lugar de una amenaza. Los coaches trabajan con los ejecutivos para mejorar su adaptabilidad, permitiéndoles pivotar rápidamente en respuesta a situaciones volátiles.
  2. Construir Resiliencia: La resiliencia es primordial en tiempos inciertos. El coaching ejecutivo apoya a los líderes en la construcción de resiliencia emocional, ayudándoles a recuperarse de los contratiempos y mantener una perspectiva positiva en medio de la incertidumbre.
  3. Fomentar Habilidades de Toma de Decisiones: En entornos complejos, tomar decisiones claras e informadas se vuelve más desafiante. Los coaches proporcionan herramientas y marcos que ayudan a los ejecutivos a cortar la complejidad, analizar situaciones de manera efectiva y tomar decisiones con confianza.
  4. Clarificar Visión y Propósito: La ambigüedad puede nublar el juicio y la dirección. El coaching ayuda a los líderes a clarificar su visión y propósito, asegurando que permanezcan enfocados y alineados con sus valores centrales y objetivos, incluso cuando el camino adelante no está claro.
  5. Mejorar la Inteligencia Emocional: La inteligencia emocional es crucial para liderar efectivamente en entornos VUCA. Los coaches trabajan con los líderes para mejorar su autoconciencia, empatía y habilidades de comunicación, que son vitales para liderar equipos a través de tiempos inciertos y desafiantes.
  6. Promover la Innovación y Creatividad: Prosperar en un mundo VUCA requiere innovación y creatividad. El coaching ejecutivo anima a los líderes a pensar fuera de la caja, desafiar el status quo y fomentar una cultura de innovación dentro de sus organizaciones.
  7. Desarrollar el Pensamiento Estratégico: Los coaches ayudan a los líderes a fortalecer sus habilidades de pensamiento estratégico, permitiéndoles anticipar y prepararse para posibles escenarios futuros. Este enfoque de anticipación es esencial para navegar la complejidad y ambigüedad.
  8. Cultivar una Mentalidad de Aprendizaje: Un aspecto clave para prosperar en un entorno VUCA es la voluntad de aprender y crecer continuamente. El coaching ejecutivo fomenta una mentalidad de aprendizaje, alentando a los líderes a buscar nuevas experiencias, aprender de sus errores y adaptar continuamente sus estrategias.

La naturaleza volátil, incierta, compleja y ambigua del mundo empresarial actual exige una nueva raza de líderes: aquellos que son adaptables, resilientes y estratégicos. El coaching ejecutivo es una herramienta vital en el desarrollo de estas cualidades, permitiendo a los líderes no solo navegar los desafíos de los entornos VUCA, sino prosperar dentro de ellos. Al fomentar la adaptabilidad, resiliencia, el pensamiento estratégico y una mentalidad de aprendizaje, el coaching ejecutivo empodera a las personas para liderar con confianza, sin importar cuán turbulentas sean las aguas que navegan.